domingo, 29 de agosto de 2010

La Crisis Griega

Dicen las noticias que Grecia debe 130.000 millones de euros (aprox. 200.000 millones de dólares), eso comparado con la deuda colombiana, que según el último dato estaba en 53.000 millones de dólares, es cuatro veces mayor. Todo el mundo se anda preguntando cómo es posible que un país que prácticamente no tiene recursos energéticos, y que vive mayoritariamente del turismo, se haya embarcado en semejante vocación suicida.
Y la respuesta es que el sistema capitalista dejó de ser un sistema de producción de capital para convertirse en un sistema de especulación de capitales. En los últimos tiempos los países desarrollados, pero sobre todo los Estados Unidos, se han dedicado a especular con todo.
En el 2008 se pusieron a especular con los commodities (así le dicen ellos a todo lo que surge de la tierra como la agricultura, los minerales y el petróleo), y estuvieron a punto de reventar con abonos caros a los cultivadores de los países pobres donde la agricultura no tiene subsidios.
Del petróleo, por ejemplo, se saca la urea que es un fertilizante enormemente necesitado por los agricultores del mundo entero, sin la cantidad adecuada de nitrógeno no prosperan las ramas de los cafetales, sin nitrógeno mueren los cultivos de manzano porque ese árbol tiene un defecto genético que le obliga a consumirlo incesantemente.
Ahora cuando ha empezado a “cuajar” un poquito la cosecha cafetera en Colombia, el café ha empezado a bajar de precio. ¡Ya lo esperábamos!, los gringos nos tienen medida el tamaño de la mordida: lo suben a precios altos cuando nadie tiene café, y lo bajan cuando empieza la cosecha. ¿Qué es normal que sea así, porque esas son las leyes de la oferta y la demanda? ¡Pues claro que no! Al menos no en esta oportunidad, cuando hay escasez mundial de café.
¿Y qué tiene que ver todo esto con Grecia? Pues que los neoliberales le han hecho creer a algunos países que el control de flujo de capitales es una actitud infantil, que el control de precios atenta contra el desarrollo de la libre empresa porque para eso existe la libre competencia, y, en fin, que hacer parte de esa filosofía de casino (la especulación de capitales) es lo que está de moda.
Pues bien, por cuenta de ello algunos países normalmente disciplinados como Islandia, Grecia y otros más cayeron en la trampa de las burbujas inmobiliarias y ahora se andan lamentando de su suerte. Aquí en Colombia hemos hecho parte de la especulación de una manera más localista.
Es cierto que no hemos hecho parte de la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos (salvo casos excepcionales de algunos ricos y de los Fondos Privados de Pensiones), pero han proliferado las pirámides de todo tipo (por lavado de dinero, por especulación, etcétera), y hemos permitido el libre flujo de capitales.
Con la entrada de capitales se disminuye el valor del dólar, así se ponga el café a cinco dólares la libra seguirá a un precio ridículamente bajo para las personas que lo cultivamos. Los gringachos argumentarán, luego, que la entrada de capitales se debe a que se tienen previstas inversiones en el campo petrolero.
Un amigo mío, especialista en manejo avanzado de paquetes computacionales que incluyen una gran cantidad de variables, me dijo algún día que le sorprendía la increíble precisión con la que el precio del café de Colombia se ajustaba a los vaivenes del dólar, eso, por ejemplo, ya lo quisieran lograrlo los mercados energéticos de los Estados Unidos que tiene que vérselas a diario con los vaivenes del precio del petróleo.
Menos mal que el presidente Santos, por quién desafortunadamente no voté, ha prometido ayudarnos a los cafeteros. ¡Alabado seas, Hermano Nuestro!, al paso que vas puedes llegar a convertirte en el mejor presidente de Colombia de todos los tiempos.

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